Sangra el cielo tras los
montes
de una tierra cansada de
sangrar,
dos nubes coquetas pasean,
perezosas,
Hay en lo alto un silencio
sagrado,
sólo un suave rumor de
brisa,
tal vez el susurro de un
dios,
acompaña el vuelo circular
del águila.
Abajo la tierra prepara su
sueño,
descanso de un día más de
memorias,
recuerdos de cabellos
negros y piel morena,
hijos y ancianos, agotadas
ubres y altivos guerreros,
intensos sudores, sangre
derramada y una lágrima,
una única lágrima que es
de todos.
Abajo incesante andar de
ellos, fantasmas
que no olvidan ni
perdonan, dueños de sus dioses,
de sus ritos, de su tierra,
del rencor y la esperanza.
Espíritus que se preparan
sin urgencia, ya llegará el día,
ya llegará el día parece
escucharse en los senderos,
en los cerros, en las
quebradas, junto a los ríos,
en medio del silencio
sagrado, sólo roto
por el orgulloso y
paciente desfilar de pies nativos
y prestas lanzas.
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