sábado, 1 de febrero de 2014

Los dueños de la tierra

Sangra el cielo tras los montes
de una tierra cansada de sangrar,
dos nubes coquetas pasean, perezosas,
 norte a sur, arreboladas mejillas.
Hay en lo alto un silencio sagrado,
sólo un suave rumor de brisa,
tal vez el susurro de un dios,
acompaña el vuelo circular del águila.
Abajo la tierra prepara su sueño,
descanso de un día más de memorias,
recuerdos de cabellos negros y piel morena,
hijos y ancianos, agotadas ubres y altivos guerreros,
intensos sudores, sangre derramada y una lágrima,
una única lágrima que es de todos.
Abajo incesante andar de ellos, fantasmas
que no olvidan ni perdonan, dueños de sus dioses,
de sus ritos, de su tierra, del rencor y la esperanza.
Espíritus que se preparan sin urgencia, ya llegará el día,
ya llegará el día parece escucharse en los senderos,
en los cerros, en las quebradas, junto a los ríos,
en medio del silencio sagrado, sólo roto
por el orgulloso y paciente desfilar de pies nativos
y prestas lanzas.

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