Hay singular parecido en una composición musical o una pintura, en la intención de construir sentido, con el acto de intentar capturarlo en un concepto, volátil, provisorio, pero que contribuye, desde fundamentos, perentorios pero no perpetuos, a mantener íntegra nuestra estructura, y que ésta no vuele en pedazos. Me parecen indiferentes las formas poiéticas que se puedan dedicar a esta tarea de apuntalamiento.
En cualquier caso, incluyendo las manifestaciones referidas y otras no citadas, existe la humana necesidad de encerrar, en una creación, algo que insiste en nosotros y que no podemos nombrar. Algo que se muestra y se oculta al mismo tiempo, y que sentimos que nos pertenece y no. Una inquietante sensación, a veces hostil, que procura resolverse de algún modo. Es raro, y además no cede ni siquiera cuando en un momento de "iluminación" pareciera que le damos curso y terminamos con la cuestión. No se cansa de generar inestabilidad. Siempre está allí, insistiendo, buscando el modo de manifestarse de alguna manera.
Desde hace un tiempo, que no logro precisar, esta sensación extraña me acosa diariamente. Sin poder evitarla, intento removerla sin éxito en mi vida cotidiana, en modestas composiciones literarias o con juegos intelectuales intrascendentes. El extraño sigue paseando, indiferente, por mis singulares espacios y tiempos. Irrita sentir la compulsión a hacer algo para expulsarlo sin conseguirlo, haga lo que haga.
Inquieto, hoy me senté a escribir ésto desde mi perplejidad. Sigo igual, sin encontrar la puerta, si es que la hay, por la cual desalojarlo. Me pregunto si en mi inefable intimidad deseo ese final. Algunas veces también presiento que, de ser eficaz el exorcismo, yo desaparecería junto con él. ¿ Anverso y reverso ? Dejo, por ahora, con la sospecha de que el extraño juega conmigo. En fin, mañana será otro día.
